Stranger Things es extraña, y eso es bueno.

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No acostumbro ver series hasta que lleguen a su fin. Y solo si creo que sus personajes valgan la pena mi atención. Y solo si creo que su historia podrá ser digerida de mil maneras mil vistas después. ¿Por cuál otra razón le voy a invertir alrededor de sesenta horas de mi vida a una historia que no presuma rumbo ó deleite, todo lo contrario de una serie como Breaking Bad? Pero ahora debo confesar que quebranté mi regla. La nueva serie de Netflix de Stranger Things fue el responsable, y digo responsable porque no le quiero llamar culpable. Es 1983, y un niño con el nombre de Will Byers ha desaparecido. Las únicas pistas que obtienen los curiosos del pequeño pueblo de Hawkins, Indiana son una niña calva con poderes telequinéticos, hombres en trajes negros que no contestan preguntas y una misteriosa criatura infernal que desafía el tiempo y el espacio. Lo más fascinante de esta serie, concebida por los Hermanos Duffer (de la película independiente Hidden), no es solamente lo bizarro de su imaginación sino el rehusarse una pronta y suave explicación. Es el tipo de terror más incómodo y, por lo tanto, el que más recordativo. Añádele las influencias de Steven Spielberg y John Carpenter y lo raro se convierte en maravilloso. Ojalá fuera niño de nuevo.

La televisión le debe mucho al cine en forma y técnica pero no por ello se queda sin sus ventajas. Su resurgimiento en series dramáticas de calidad artística ha sido muy percibida en la industria (piensa en Mad Men, House of Cards, Game of Thrones, Mr. Robot– mucho que me he perdido). Muchos incluso concluyen que el cine es ahora secundario en lo que se refiere a narrativas audiovisuales. No es una conclusión exagerada si consideras que las series tienen una preciosa ventaja a su favor: su uso de tiempo. Con ella los personajes evolucionan, las historias se desarrollan y los giros abruptos se mantienen constantes. A manos inconsideradas, sin embargo, esta ventaja se vuelve en rutina. Debemos header3-stranger-things-80s-moviesconsiderar que cuando una cadena televisiva le da el greenlight (la autorización oficial para producir un programa ó serie) a una serie, solo le autoriza un número limitado de episodios de lo que vendría siendo su primera temporada, muchas veces su única. De ahí entran los ratings, los porcentajes oficiales de gente viendo un dicho episodio. Al menos que los ratings lleguen a un cierto número para el quinto ó décimo episodio de esa misma temporada, la serie puede ser cancelada ó continuada; todo potencial de historia ó conclusión narrativa es automáticamente descartada. Y son variadas las ocasiones en la que una serie no solo encuentra el éxito en los ratings inciales, sino que los productores exigen que los episodios sigan y sigan. El final de una serie no se determina hasta que exista la plena seguridad de que los ratings han decaído, que es entonces cuando la cadena autoriza el final de una serie y los creadores y escritores buscan maneras en acabar con la historia que por tanto tiempo alargaban sin un final a vista. Por consiguiente puedo con seguridad introducir mi uso estricto de mi tiempo con series sin verme raro.

Entra el caso de Stranger Things. Gracias a su éxito en ratings y críticas, la segunda temporada ha sido confirmada tan solo recientemente. Culpa mi lado nostálgico que me llevó a enamorarme de las referencias a una niñez ochentera que dependía de bicicletas y radios en vez de smartphones con tan solo ver el trailer. Mi dieta de E.T., Los Goonies, Cuenta Conmigo y Super 8 tuvo sus repercusiones, eso veo. Pero es exactamente al final de octavo y último episodio que me llevó a la pregunta inevitable: ¿porqué no terminarlo aquí? El misterio de Hawkins queda algo inconclusa, las amenazas fuera de este mundo se conforman con mostrar su origen al precio de su aclaración, y esto mientras que la historia de Will y sus amigos simpáticos, Mike, Lucas y Dustin, llega a una satisfactoria conclusión. Es eso mismo que creo yo funcionó sobre todo, cuando respeta su propio misterio. El terror de Stranger Things es uno ignoto. Varios momentos retrospectivos que le deben a los recuerdos de sus personajes apaciguan nuestra curiosidad solo lo suficiente para no caer en la extrema confusión. Pero hasta ahí llega, y eso es excelente. La niñez no busca explicaciones a todo dilema. Ellos lo aceptan y lo stranger-things-01_0confrontan. Gracias a la valiente participación de los pequeños actores y su elenco mayormente desconocido, salvo por Winona Ryder (El cisne negro) y Matthew Modine (Batman: El caballero de la noche asciende), este factor resplandece sin sufrir distracciones. Los Hermanos Duffer disfrazan su historia con casi toda referencia imaginable a la vida ochentera, desde Calabozos y Dragones y Star Wars hasta los mejores momentos de Stephen King y The Clash. Un mayor aplauso se le debe a su soundtrack retro y electrónico, su efecto temperamental que seguro se ocupará de las reproductoras de música de muchos nuevos devotos. Esta carta de amor de los Duffer a esa era se lució más de calcomanías que de palabras; no necesariamente negativo, ya que los que somos fans de dichas referencias no lo consideraremos como distracción. Lo prudente aquí es dejarnos en paz mientras disfrutamos de nuestros dulces.

Creo que muy a fondo, historias como Stranger Things apelan a una universalidad que conmueve a uno de sabio a inocente: anhelamos un mundo fuera de nuestro alcance, pero nos aterra confrontarlo. Un niño a los once experimentando cambios. Una niña de once a tientas conociendo el concepto del amor. Una chica de dieciséis probando su libertad. Una hombre de cuarenta evitando lidiar con una tragedia pasada. Nuestros monstruos vienen de diferentes tamaños y miedos, y por nosotros mismos no podemos apaciguarlos. Es parte de nuestra batalla interior por un mundo completo y satisfactorio, y se demuestra en varias maneras en la serie; desde la búsqueda por la familia perfecta, reflejada en los padres y hermanos de Will y Mike, hasta la seguridad de un amor fácil que nunca lo es, reflejada en noviazgos y enamoramientos que enfatizan lo instintivo a maxresdefault2tristes consecuencias. Somos pecadores y, por ello, rebeldes, imperfectos e insuficientes. Hay un Enemigo tras nosotros que no conocemos pero percibimos, aunque muchas veces lo confundimos para evitar confrontarlo. Y en vez de caer en el instinto animal tal como el mundo y la Bestia Invisible nos convence que tenemos, nos levantamos en familia y hermandad y luchamos. ¿Porqué será? Stranger Things descarta el aspecto de fe por esta temporada, así que su respuesta es algo acortada a lo sencillo: amor y familia. Pero el cristiano sabe que el ser humano no es animal ó producto del caos y la coincidencia. Sabe que él y ella son nuevas criaturas, creados para Dios para Su Gloria y que luchan al ser habilitados por el Gran Victorioso, Cristo mismo. La oscuridad tendrá su fin, pero hasta que lo tenga, el camino estará lleno de ese mismo recordatorio. Supongo que por eso Stranger Things termina con la temporada navideña. ¿Qué mejor que la esperanza como el clímax de toda trayectoria?

Una escena en el bosque nocturno que consiste de la policía y voluntarios buscando a Will es bañada en sombras azules e iluminada por algunas linternas eléctricas. Es un tapiz que regresa en diferentes formas: luces navideñas en desarmonía cubriendo las gastadas paredes de una vivienda, y la luna invisible adornando el tenebroso Mundo Al Revés, entre otros. Hay luz en este mundo. Hay stranger-things-netflixtinieblas también, y nuestra diminutas luces son constantemente sofocadas por ellas. Para el mundo es mala noticia. Para el cristiano, es solo una porción de la paz que sobrepasa todo entendimiento. Esperanza en Cristo tenemos, y eso caracteriza nuestras aventuras. Quizás continuaré con la segunda temporada de Stranger Things. Quizás no. Solo sé que fui testigo de una impactante aventura, independiente en sí sola sin alguna otra necesidad.  No nací en los ochenta y nunca jugué Calabozos y Dragones. Pero fui niño una vez y con eso cierro el caso.

Dame mi bicicleta y déjame acompañar a Mike y compañía. Hay monstruos para derrotar.

Gracias, Stranger Things.

NOTA: Aunque la serie es protagonizada por niños, contiene una leve cantidad de groserías y una escena no gráfica entre un joven y una chica. Hay varios momentos terroríficos y algo de sangre aunque no en exceso. En clasificación se merece un B.

Trailer en inglés con subtítulos

Clip de los títulos iniciales

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