¡Salve, César!

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Película: ¡Salve, César!
Título original: Hail, Caesar!
País: Estados Unidos
Director: Joel y Etan Cohen
Estudio: Working Titles Films/ Universal Pictures
Duración: 106 minutos
Estreno nacional: 22 de abril
Clasificación: B
Reparto estelar: Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Tilda Swinton, Channing Tatum

Los Hermanos Coen adoran la comedia y respetan la drama, pero constantemente las confunden. Y eso está bien, eso los hace de los cineastas más aclamados de los
últimos años. ¡Salve, César!, su obra más reciente, es un colorido tumulto de actores ingenuos, comunistas excéntricos, música miscelánea, comedia disparatada, debates acerca de Dios en películas, y pedazos de época que incluyen Roma, el Viejo Oeste y la Guerra Fría. Rinde culto al cine norteamericano cincuenteno que daba la impresión se daba muy en serio, y ¡Salve, César! acierta con eso mismo: la seriedad extrema es prohibida. No es calidad Coen al par con Sin lugar para los débiles ó Barton Fink, pero calidad Coen que se conforma con lo sencillo llega ser, a menudo, una mejor probada que la mayoría de películas que presumen ser comedias.

En ¡Salve, César! Eddie Mannix (Josh Brolin, interpretando el único rol basado en una figura real) es el encargado de producción de Capital Pictures en Hollywood en 1951. Sus tareas incluyen supervisar filmaciones, garantizar éxitos fílmicos y proteger a actores de escándalos y problemas en general. Pero cuando el actor estrella Baird Whitlock (George Clooney) es secuestrado por un grupo de guionistas comunistas, Mannix tendrá que hacer lo mejor posible para rescatarlo y mantener su sanidad y la del estudio.

La película sería mejor descrita como una serie de viñetas que giran alrededor de un productor con problemas existencialistas. ¡Salve, César! no se enfoca en solo avanzar una trama. Por la mayor parte ignora caracterización y una fluidez realista de historia por el bien de momentos que varían entre lo gracioso y lo lleno de gracia. De que se haya perdido la oportunidad de jugar con el género de misterio y de una diversión multipersonaje al estilo de Robert Altman es punto y aparte. Actores de la talla de salve-cesar-josh-brolinScarlett Johansson, Jonah Hill y Ralph Fiennes terminan con breves apariencias que pobremente justifican un desarrollo tan leve, pero creo que todo es parte del argumento de los Coen que funciona: todos son solo caras. Hollywood, situaciones políticas, confesiones de pecado, canciones de varios géneros, y demás son fragmentos de máscaras que preceden la trama. No es que ser burla del cine pasado sino de la extrema seriedad confiada en ella misma, y los Coen terminan depositando el mismo nivel de seriedad a su propia historia. Alden Ehreinreich (quien encarnará al joven Han Solo en las próximas entregas de Star Wars) se roba la atención como actor novato que mantiene un buen control de su lado cómico al par de actores de mayor perfil (sin mencionar un cantante Channing Tatum). La música, como todo soundtrack del cine de los Coen, se jacta en su variedad dinámica. Su fotografía es orgullosamente responsable de su frecuente colaborador Roger Deakins, aunque fue la auténtica dirección de arte que mayor se lució. Como sus actores e ideas, ¡Salve, César! es una colección de escenas esporádicas que cruzan los dedos y esperan conformar una experiencia coherente. No lo hacen como en experimentos pasados, pero si entretienen, gracias a un espléndido guión que nuevamente viene de la imaginación de Joel y Etan.

Y como no es de sorprenderse, la religión forma una pieza clave en ¡Salve, César!, como lo ha sido en la gran mayoría (si no todo) del cine de Joel y Etan Cohen. Se podría calificar como su cinta más religiosa, en el sentido popular de la palabra. La producción que Eddie Mannix supervisa se titula ¡Salve, César!: Un relato del Cristo, imitando a la cinta verdadera de Spartacus no tan seriamente. Es esta película que lleva a Mannix a dialogar con sacerdotes y rabís acerca de su contenido religioso con la esperanza de contar con su aprobación, aunque ésta termina en debate acerca del rol correcto de la Biblia en el cine (imaginación vs. interpretación; la discusión en sí se roba la escena). Es un momento fascinante dado el hecho que los Coen crecieron en un hogar judío mientras que el filme desfavorece la idea de Jesús como alguien más que no sea Dios. Mannix es un católico que trata de ser fiel, perturbado por el hail-caesarpecado más mínimo de su parte mientras resguarda los de otros sin gran tortura. Todo actor ó personaje esconde algún tipo de rostro mientras pretende ser alguien que no concuerda con sus intenciones. Es un festival de hipocresía bajo diferentes colores, unos mas intensos que otros, y no se busca explicar sus orígenes ó resolver sus conflictos. Sus argumentos se detienen al favor  del cine y la religión como aquello que depende de la fe y no de la verdad, como un personaje lo declaró. Pero tal como la filmación del personaje de Dios en la película ficticia de El relato del Cristo, detenida con un simple título que lee ¨PRESENCIA DIVINA POR FILMARSE¨, el último paso es el de honestidad. Que todos somos pecadores e imperfectos buscando alguna redención, y es la fe en Cristo que confirma esa verdad. Es la palabra ¨fe¨ que Baird Whitlock irónicamente olvida durante la filmación, pero es el elemento que vibra como el núcleo tanto de nuestra relación con Dios, Señor sobre todo y la Verdad misma, como nuestra extraña fascinación por el cine, fabricación para alimentar nuestra ilusión de la realidad. Solamente una de ellas transforma de adentro para afuera y el resultado se ve por sus sujetos y sus transformaciones. Nada de máscaras, solo gente anhelando por algo más grande. El último plano de la cinta, que incluye una cámara que lentamente sube a los cielos, incluye un tanque de agua con un mensaje que lo resume todo: he aquí.

¡Salve, César! da prioridad a la comunidad cinéfila sobre la audiencia general, aunque los Coens argumentarían con lo contrario (de la misma manera que confunden la comedia y la drama en buen sentido). Beneficia de mayor apreciación si uno disfruta las referencias del cine clásico, tan absurdo ó monumental que haya sido en su tiempo y en su percepción ahora en día. Y también se beneficia de preguntas acerca del rol de Dios en el cine moderno y nuestra respuesta hacia ella. Cómica y entretenida por buenas razones pero pensativa sin ser muy argumentativa. Hay mejores obras de los Hermanos Coen, aunque ellos descarten la idea de alguna competencia. Ellos son su propio cine.

Y se respeta.

CALIFICACIÓN: 4 de 5

Trailer en inglés con subtítulos

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