Ratatouille y el regalo de la humildad

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Artículos como éste pueden ser escritos acerca de cada obra creada en la fábrica de sueños que es Pixar. En serio, Toy Story, Buscando a Nemo, Wall-e, Intensamente y otros ejemplos merecen (y han recibido) análisis, debates, ensayos, preguntas y respuestas, etc. Todos merecidos y sin sorpresa alguna. Lo que deseo enfocarme ahora es en su éxito cómico de hace casi 10 años, Ratatouille, la película del ratón Remy que sueña con ser cocinero en París. Pero en vez de aclarar lo obvio (lo ingenio de su historia, su espléndida valentía en elección de personajes, su música, su comedia, etc.), quiero llamar la atención a un personaje en particular que me costó años en apreciar y también definir como uno de los personajes más únicos y subestimados de Pixar. No, no es Remy ó su amigo Linguinni. Tampoco son sus amigos cocineros ó compañeros roedores. Es Anton Ego, un crítico de comida que, inicialmente disfrazado de amenaza villana, tiene más que instruir a todo dispuesto en dominar el arte de la mansedumbre que el héroe común y corriente.

(Conviene que no sigas leyendo al menos que hayas visto la película, por SPOILERS).

En Ratatouille, Anton Ego es un orgulloso crítico de comida cuyas reseñas estrictas causaron un ataque de corazón al chef Gusteau que lo llevó a la muerte, al igual que darle mala fama a su restaurante Gusteau’s. No es primary_anton_ego_ratatouille_94sorpresa que los animadores, acordando al co-director de la cinta Jan Pinkava, diseñaran a Ego en forma de buitre y su estudio en forma de un ataúd, inclusive con un cráneo escondido detrás de su máquina de escribir. En las palabras de Pinkava, Ego ¨tiene el tedio de la élite decadente¨. La grave y escalofriante voz de Ego, Peter O’Toole (Lawrence de Arabia) en inglés y Germán Robles (Don Román en El Chavo del 8) en español latino, confirman la clara intención de los animadores en hacer de Ego un malévolo oponente con tan solo presenciar su figura. Su altivez en su propio intelecto lo envuelven en una capa de orgullo encarnado en toda su sublime furia. En términos visuales, no exageraría si comparara a Ego más a un esqueleto que a un ser viviente.      

Pero todo gira enteramente en tan solo una escena.

Es en el tercer acto de Ratatouille cuando Ego entra al restaurante de Gusteau’s, este bajo la supuesta directiva de Linguinni, sin saber que es realmente Remy y sus familia ratonera que están al mando de la cocina. Su meta, sin duda, es volver a dañar la reputación del restaurante con sus elocuentes palabras y un estricto sentido de gusto. Remy decide servirle ratatouille, un platillo considerado como comida de campesinos por los francéses. Es cuestión de segundos cuando Ego lo prueba que es transportado mentalmente a una etapa inocente de su niñez en la que su mamá le cocinó ratatouille después de accidentarse en la bicicleta. Es aquí cuando la humildad comienza a apoderarse de Ego capa por capa, comenzando con una leve mirada de132655892159 sus ojos tamaños de platos hacia su increíble revelación y comiéndola con rápidez, incluyendo chuparse los dedos como el niño agradecido que una vez fue (actuación genuina a base de gráficos de computadora NO es pan comido; ¡bravo Pixar!). Pero la humildad cuesta más. Al insistir en conocer al chef después de saber que Linguinni no cocinó el platillo, Ego descubre que es Remy el responsable de su cena. Ego observa y escucha en silencio completo mientras Remy cocina y Linguinni y Colette se explican. Al terminar, Ego les agradece por la noche y se va. Después de contemplar los oscuros cielos silenciosamente en la esquina de su aposento, el único rincón de su casa bañado en luz de luna, Ego escribe:

En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos muy poco y, sin embargo, disfrutamos de una posición sobre aquellos que ofrecen su trabajo y ser a nuestro juicio. Nos deleitamos en la crítica negativa, que es divertida en escribir y leer. Pero la verdad amarga que los críticos deben enfrentar es que, en el gran esquema de la realidad, una pedazo de basura es probablemente más significativo que nuestra crítica designándolo así. Pero hay tumblr_inline_nds42pv7ar1t2wf9qveces en que un crítico realmente arriesga algo, y eso es en el descubrimiento y defensa de lo nuevo… Ayer por la noche, experimenté algo nuevo: una comida extraordinaria de una fuente singularmente inesperada. Decir que tanto la comida y su creador han desafiado mis ideas preconcebidas acerca de la buena cocina es un eufemismo. Me han sacudido hasta el corazón…  Es difícil imaginar orígenes más humildes que las del genio ahora cocinando en Gusteau’s, que es, en opinión de este crítico, nada menos que el mejor chef en Francia. Volveré a Gusteau’s pronto, con ganas de más.

El pastor y autor Timothy Keller una vez declaró que la humidad no equivale a pensar menos de uno mismo, sino pensar en uno mismo menos. Es reconocer la falibilidad de nuestro entendimiento para que el prójimo sea reconocido al precio de nuestro propio reconocimiento. Ego tomó otro paso de humildad al reconocer esta verdad, pero su trayectoria personal aún no termina. Ego probablemente sabía que al escribir estas tumblr_m33gpnbl9k1qzm6iko1_r1_500palabras estaría perdiendo toda credibilidad en su profesión, que es lo que terminó sucediendo. Sin trabajo ni respeto profesional por su juicio crítico, Ego decide ser inversionista al nuevo y pequeño restaurante de Remy, Linguinni y Colette, después que Gusteau’s cerrara por mala reputación posterior. Lo último que Ego alcanza a decir en la cinta en sus momentos finales, dirigiéndose a Remy después de disfrutar su comida, lo dice con una gran sonrisa nunca antes vista, ¨¡Sorpréndeme!¨

Anton Ego ocupó menos de quince minutos de Ratatouille que, no obstante, fueron más que suficiente para dar buena luz al significado de la verdadera humildad. Ésta no se conforma con solo reconocer la equivocación de palabras ó juicios; es transformativa, sacrificando orgullo hasta lo más profundo del corazón hasta que una nueva persona emerja. La humildad moldea todo aspecto de un individuo hasta que se convierta en un verbo, en un deseo. Es lo que Cristo hizo en la cruz, tomando forma de siervo siendo Él mismo Dios (Filipenses 2:3-11), para que todo aquél que crea en Él a través de fe en el sacrificio que Él sufrió en nuestro merecido lugar sea salvo (Juan 3:16), y que a partir de ahí salga una persona nueva y transformada (2 Corintios 5:17) que hace de la humildad un estilo de vida (Colosenses 3:12), con Jesús como el ejemplo primordial (Mateo 11:29). Y es lo que el platillo de ratatouille terminó representando; una delicia sencilla y humilde dispuesta a avivar el gusto de todo aquel que esté listo para probarla. Es el poder que convierte a villanos en nuestros prójimos, y comienza con reconocer nuestro propio antagonismo. Todos somego-anton-ego-14471129-1307-569os Ego. La pregunta es cual Ego terminaremos siendo: el Ego en su alto trono, muerto en su humanidad con plena confianza en su dañino razonamiento, ó el Ego sentado al par de los demás, sirviendo a otros sobre él mismo con gran calidez de espíritu y puesto a probar lo nuevo y brillante. Lo que hace la diferencia es la probada de un sencillo platillo. Un poderoso gusto.

Si, Ratatouille es una maravilla en muchos niveles, y esto es solo un pequeño ejemplo. Anton Ego, lejos de la parodia que una vez creía ser, es una pequeña imagen que todo ser humano es sin el poder redentor que viene a través de la fe en Cristo y en Su Obra. Comienza con el reconocimiento de nuestra maldad e insuficiencia, continúa con la aceptación de la salvación que Cristo ofrece como la fe de un niño, y se mantiene vivo y consistente en nuestro carácter por toda la vida, para la edificación de la sociedad a nuestro alrededor. Esto y mucho más definen a Ratatouille como una obra universalmente apreciada, por casi ya una década y seguramente por muchas más.

Pruébenla y vuelvan a probar.

Clip en español con doblaje de España

Clip en inglés con subtítulos

 

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