Películas Que Todo Cristiano Debería Ver: Parte 6

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Película: Días del cielo
Título original: Days of Heaven
País: Estados Unidos
Director: Terrence Malick
Estudio: Paramount Pictures
Duración: 94 minutos
Estreno original: Septiembre de 1978
Clasificación: B
Reparto estelar: Richard Gere, Brooke Adams, Sam Shepherd, Linda Manz

Creo firmemente que uno de los mejores cumplidos que un filme pueda recibir es que sea casi imposible describir en palabras. Cemento mi postura en el subestimado potencial de una colección vívida de imágenes al par con su búsqueda por significado, que es lo que conforma el buen cine. Mientras que la audiencia general, al comando del predecible y formulaico Hollywood hoy en día, se acontenta con nada menos que acción y acción vacía de contemplación, directores como Terrence Malick optan por arriesgar sus carreras (y unos argumentarían su sanidad) por tan solo modificar lenguas cinematográficas. Imágenes que transtornen la mente, conmuevan un poco el corazón y dejen los ojos anhelando por más. Sus mayores éxitos, ahora alabados después de tiempo, incluyen El nuevo mundo, La delgada línea roja y El árbol de la vida. El caso que presento ahora, y orgullosamente recomiendo, es la segunda cinta de su increíble filmografía estrenada en 1978, Días del cielo (también titulada Días de gloria en México). Y la introduzco primeramente notando que el título deriva de Deuteronomio 11:21, ¨para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra.¨

La historia de Días del cielo se basa en el año 1916. Linda (Linda Manz), una niña curiosa, acompaña a su hermano mayor Bill (Richard Gere, Hachiko) y Abby (Brooke Adams) a trabajar en campos de trigo en Texas, esto después que Bill accidentalmente haya matado a un compañero de trabajo. Ahí se encuentran con el dueño de las tierras, simplemente conocido como el Granjero (Sam Shepherd, Diario de una pasión), quien ellos descubren que no solamente es rico sino que padece una enfermedad mortal. La conspiración romántica y malévola de Bill y Abby para apoderarse de su fortuna sin perderse el uno al otro se pone en marcha.

La belleza en la cinematografía de Días del cielo, compuesta por Néstor Almendros (La decisión de Sophie) y Haskell Wexler (¿Quién le teme a Virgina Woolf?), es daysofheavensimplemente pura, el factor más mínimo con el que todo espectador honesto concurrirá. Tal como la costumbre de fotográfos prolíficos como Emmanuel Lubezki, la película dependió mayormente de luz natural y paisajes casi pristínas de campos norteamericanos. Es tan solo un elemento embellecido por el pincel de cámara con el que Malick pinta su visión, del cual también recurre a trazos de narración poética, edición suave al par de las melodías compuestas por el único Ennio Morriconne (La Misión), silencios eternos y la naturaleza en general como su mayor personaje, quién actúa como testigo y participante en medidas iguales. La trama, criticada por muchos por depender de emociones frías, depende mayormente de la vista limitada e inocente de una niña, perdida en el flujo de las abruptas acciones de la gente alrededor a niveles bíblicos. Con niveles bíblicos me refiero a inspiración implícita que inteligentemente evita alegrorías simples. Vemos imágenes bíblicas, como un juicio soberano disfrazado de una plaga de langostas al estilo Antiguo Testamento, revelándose junto al egoísmo violento de sus participantes y sus paseo contemplativos por paisajes, como anhelando un mundo mejor. Sus consecuencias los traicionan, reflejando la verdadera perdición que todo ser humano sufre fuera de Cristo. Cada película de Terrence Malick podría ser analizada con resultados similares, figurando entre lo espiritual y lo humano y filosófico, pero no significa que todo argumento es conclusivo. Días del cielo ó cualquier otra obra de Malick no dependerán del mejor análisis; susdays2520of2520heaven2520pdvd_011_preview imágenes y lo que evocan seguirán siendo fascinantes a pesar de evadir explicación si uno así lo desea. Pero los que desean profundizar un tema ó un sentimiento de estas obras, entonces Malick dice, ¨Bienvenido¨. Parte del propósito de Películas Que Todo Cristiano Debería Ver sale de eso mismo: presentar películas cautivantes hechas con una dosis espiritual que deleiten al creyente, y con ello capacitarlo para comenzar conversaciones que nadie más podrá. Ver buen cine puede equivaler a ser buen testimonio y formentar la Gran Comisión si tan solo el cristiano está dispuesto. Significa apreciar buen arte y ser buen artista comprendiendo los roles y propósitos de estos, glorificando a Dios por Su Gran Obra en la Tierra, tanto en Su Creación como en Su Perfecto Sacrificio en la cruz.

Días del cielo se debe sentir más que nada, un paso que lejos de contradecir la racionalidad, la confirma. Es un poema visual inspirado por Deuteronomio y un testamento de las extrañas y oscuras maquinaciones del corazón humano, que con sus pensamientos se destruye a sí mismo y a la gente alrededor mientras los cielos observan y permanecen. Su meta fue contemplar, no explicar, una objetivo que la mayoría de los productores cristianos aún no entienden. Es la gran utilidad de la inspiración artística: reflejar algo mayor. Malick lo entiende y nisiquiera parece ser creyente. Que todo artista que se hacer llamar cristiano observe y calle.

Es el primer paso para comprender.

Trailer en inglés sin subtítulos

Clip en inglés

 

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