Revenant: El Renacido

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Película: Revenant: El Renacido
Calificación: 5 de 5

¿Que convierte a una película en una experiencia magnífica? Las variadas herramientas en las manos de Hollywood, que incluyen greenscreen, CGI y performance capture, están disponibles para alcanzar un grado de magnificencia en forma de celuloide, mínimo la definición común de ella. Pero para Alejandro Gonzalez Iñárritu, el director renombrado por filmes como Amores perros, Babel y Birdman, la magnificencia equivale sacrificio. El sacrificio requiere pasión, y la pasión requiere visión, y de ésta florece Revenant: El Renacido. La película, ubicada en los Estados Unidos en 1823, es una feroz guerra entre dualidades: hombre contra naturaleza, animal contra hombre, raza contra raza, hombre contra hombre y hombre contra Dios. Las cortas brechas entre estos combates yacen momentos transcendentes que solo el ojo puro del cinematógrafo Emmanuel Lubezki (Gravedad, El nuevo mundo) pudo concebir. Y más la sacrificial actuación del brillante Leonardo DiCaprio con su entrega de mente, cuerpo y emoción al rol, Revenant: El Renacido es la poéticamente brutal definición de una experiencia cinemática completa. Y hecha sin gran dependencia de lo simple y sencillo que Hollywood ofrece. Magnífico.

En El Renacido, Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) es parte de un grupo de comerciantes de pieles llevando a cabo su labor en los bosques norteamericanos, repletos de cualquier tipo de peligro desde indios enemigos, clima escalofriante y compañeros deshonestos. Cuando Glass sobrevive el ataque de un oso pardo con heridas mortales, Fitzgerald (Tom Hardy, Mad Max: Furia en el camino), un comerciante del grupo, decide abandonarlo y dejarlo por muerto, inclusive matando al hijo mestizo de Glass. Eso da el comienzo a una lucha por supervivencia, sanidad y venganza que se extiende por ríos, bosques, montañas y mas allá de lo alcanzable.

Es increíblemente triste, ¿no? El elogiar una película por ser auténtica y por eso querer decir que se filmó en lugares existentes. Que la película, acordando a la mejor percepción de nuestros ojos, emuló una atmósfera tangible, ajena a las rupturas que los tecleos superficiales de la computadora comúnmente crean (no es que no usaron CGI sino, gracias a su detallada dirección de arte, sus efectos fueron apropiadamente disfrazados). Así se siente El Renacido. nuevo-trailer-de-el-renacido-the-revenant-el-film-de-inarritu-con-leonardo-dicaprio-main-1443545537Critica sus momentos calmados ó su falta en claridad temática, aún así no podrás evitar contener el respiro cuando el oso encaja sus garras en la piel de DiCaprio ó cuando las balas disparan, los caballos corren, la nieve cae y la sangre fluye por ríos. Si el trabajo de Iñárritu y sus compañeros fue asombrarnos con meras imágenes, lo hicieron y más. Después de todo, filmar solo dos horas al día para usar solamente luz natural ó cambiar de locación repentinamente a otro país porque la nieve se derritió fuera de tiempo es insanamente valiente; un testamento del compromiso que cineastas como Iñarritu, fotógrafos como Lubezki y actores como DiCaprio y Hardy tienen con ser parte de un cine único, genuino y, por lo tanto, valioso. Pero las imágenes conforman parte de la superficie de El Renacido. Iñárritu podría compararse con Terrence Malick (El árbol de la vida) en la habilidad inusual de conformar un ambiente celestial ó poético con elementos tangibles sin ser extraterrestres. Unos ejemplos son una catedral destruida, una montaña de calaveras, una aldea en fuego, un río calmado y luego turbulento, etc. Estos aspectos adornan la lucha interna de Hugh Glass y eluden convertirse en algún antídoto de las pausas en la trama. Se les podría definir como los encuentros entre las acciones de los personajes y sus intenciones, magnificadas por piezas musicales electrónicas que se armonizan con los sonidos de la naturaleza, labor cumplida por los compositores internacionales Ryuichi Sakamoto y Alva Noto. Obras como El Renacido rinden toda celebración legítima, con unas razones mayormente enfatizadas que otras. Y alguna queja contra la euforia causada por la amplia visión de un director como Iñárritu y su equipo tiene poca validez.

Las marcas del clásico western, rígido y amante de violencia justificada en todo grado, son evidentes en Revenant: El Renacido, aunque faltante de sombreros vaqueros.  El instinto de pelear e incitar guerra es un ejemplo de ellas. Las tribus indias hacen guerra con los exploradores americanos. Los mismos exploradores hacen guerra entre ellos. Las mismas tribus hacen guerra entre ellos. Todo hombre hace guerra con los animales. El ambiente extremo, de lluvia a nieve a ríos helados, hace guerra con todo ser viviente. Y la guerra sobre toda guerra es clara: el hombre contra Dios. El ciclo es imparable y los únicos momentos de breve paz consiste en la profunda meditación de ella. Hugh Glass, en sus esfuerzos de ser un buen padre a su 2560_3000hijo indio que todos desprecian, busca comprender la razón de su sufrimiento al ser dejado atrás y al perder su familia. El deseo de venganza le da un intenso sentido de vida y perseverancia momentánea. Fitzgerald presume la ausencia e indiferencia de Dios al exaltar su propio bienestar y justificar todo acto como uno de supervivencia primitiva. Todo personaje y conflicto aparte rodean estas dos figuras bajo diferentes capas. ¿Porqué perdonar cuando la naturaleza, y aparentemente Dios, es imperdonable? ¿Porqué defender al débil cuando no resulta en ganancia alguna? ¿Porqué dar vida cuando todos desean hacer morir? Pero son los mismos deseos y sueños de Glass que confirman el rol de Dios en las mismas preguntas. Los momentos quietos en esas tormentas son aquellas que consisten de sacrificarse uno mismo por otro, desde cuidar a un hombre indefenso hasta admirar la belleza de un mundo salvaje e intocable. El anhelo de ser amado, en forma de la pareja fallecida de Glass, brinda vida nueva en él, mucho mas que el deseo de sobrevivir y obtener ganancias perecederas en Fitzgerald, en forma de dinero y licor. Dios permanece y los instantes de mayor beatitud consisten en identificar su rol en la naturaleza y someterse a ella, viendo que el ser humano no es una colección de huesos y que el matar por venganza no es la solución. El río fluye y sigue fluyendo, llevando sangre y cadáveres con ella como solo ella puede, y el hombre atónito en su pecado se le queda viendo. Y los ojos de Glass, renacidos por un nuevo sentimiento de humildad, atraviesan la conciencia de la audiencia, demandando entendimiento y participación. Es la definición de nacer de nuevo en El Renacido, no enteramente diferente al significado bíblico.

Intrépida en el sentido de la palabra y lírica en drama y tragedia, Revenant: El Renacido es el épico desenlace del arduo trabajo comprometido a la actuación y a la aventura sin pretensiones. Los bosques son reales, tal como la nieve, la lluvia, el frío, las lágrimas y los gritos. Es larga y lenta, tal como los cambios de clima y los sueños que pretende emular. Otro logro para el prolífico director mexicano.

Hora de tu Óscar, Señor DiCaprio.

NOTA: La película contiene muchos instantes de violencia gráfica, aunque la violencia es real sin necesidad de exageración. Hay una escena de una violación aunque es breve y no es explícita. No recomendada para menores de 16 años.

Trailer en inglés con subtítulos en español

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