El principito

Película: El principito
Calificación: 4.5 de 5

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Basar un filme en un cuento mundialmente reconocido como uno de los pilares, sino el único pilar, de la literatura infantil es una tarea ardua. Complicada. Riesgosa. Insano tal vez, capaz de encender un fuego de furia entre los devotos de su legado si las intenciones, talentos y capacidades de los cineastas responsables no cumplen el estándar mínimo de extrema excelencia, ésta disparada a distancias inalcanzables por lo visto. Hago referencia al librito clásico El principito y de su mas reciente adaptación cinematográfica. Producida y animada en Francia, el país origen del cuento, y con talento internacional, El principito no solamente adaptó el cuento a la pantalla gigante sino mas bien consagró el corazón de la historia bajo una vista desde la época moderna. Y mientras que lo mejor que la película pudo hacer es lograrle un grado de honra al cuento original sin superar su impacto, El principito triunfó mayormente por un paso que no todo artista, por tan Disney ó Monet que se sienta, se atreve tomar: un paso de fe. Literalmente.


El principito, aparte de presentar la historia de un príncipe pequeño que viaja de un planeta a otro en maravilla y curiosidad, simultáneamente cuenta la historia de una niña viviendo bajo el régimen de su obsesionada madre. Ésta inculca a la vida de su hija a una perspectiva adulta del mundo ¨real¨ en la que el estudio es rey y el orden y lo entendible son joyas, tan insensatas ó exánimes que parezcan. Pero cuando la niña conoce a un anciano que resulta ser su vecino y se encuentra con la historia de el principito, su mundo comenzará una transformación de emociones y colores que nunca imaginó posible, junto con los riesgos que los acompañan.

El impacto del cuento de El principito es tan monumental que sería una broma creer que su más reciente adaptación al cine es la primera. Hay muchas, casi un sinfín de adaptaciones desde radio y teatro hasta la televisión y el ballet. Esta nueva adaptación fue dirigida por Mark Osborne, el director americano responsable de la primera y exitosa entrega de Kung Fu Panda, y su determinación en lepetitprincerecrear mundos animados desde las ilustraciones originales del libro es impresionante. No solo eso sino tomó el riesgo de representar el mundo del principito en animación de stop-motion mientras que el mundo de la niña se mostró en animación 3D. Inclusive en algunas intersecciones de los dos mundos se muestra algo de animación 2D. Las diferentes representaciones visuales hablaron por sí mismas al no solo ser detalladamente asombrosas sino comunicar diferentes dimensiones con tan solo imágenes, diseños y colores. Osborne conoce el poder de la animación en todas sus formas y lo usa con gran efectividad y confianza. Para algunos, la inclusión de la historia de la niña parece un intento en modernizar el cuento y, por lo tanto, degradar el universo que a tanto niño, joven y adulto dejó boquiabierto alguna vez. Pero esta inclusión es justificable por el hecho de que El principito es la historia original más su aplicación universal hoy en día. Es difícil explicarlo sin dar spoilers pero es suficiente declarar que todo lo que se pudo ver en el material promocional no es la totalidad de la película. La historia de la niña funciona porque Osborne y las productoras europeas responsables depositaron gran fe en la veracidad del rol del principito en la vida de cada espectador. Con esto en mente, el tercer acto de la trama se asemeja al paso que La gran película de LEGO demostró un año atrás. Todo ojo es abierto a un mundo mayor, uno que no todo fácilmente absorbe con confianza. Siendo una contingencia de enormes proporciones, la pastilla de fe que el guionista da a probar de repente es tan duro para tomar. Y si, como es otra dimensión, no todo aspecto visual, temático ó relacionado con los personajes relevantes son tan precisos. ¡Pero lo hicieron! Creyeron enteramente en la historia original y, por lo tanto, las bocas cayeron y los ojos se abrieron más. ¿Y que puedo decir de la música? El genio de Hans Zimmer junto con el compositor británico Richard Harvey (quién interesantemente compuso la música de Lutero) y la cantante francesa Camille hacen complicado diferenciar entre sonidos terrenales y transcendentes, honrando el legado musical francés y deleitando a todo niño y adulto con piezas alegres y melancólicas, las dos en una. La película demanda ser vista desde los ojos de un niño sin que el adulto deje ser, y todo posible aspecto de ella respalda la noción. ¡Que los ojos y las bocas queden abiertas!

Y al par con sus visuales, El principito en ningún momento se cuestiona a sí mismo. La inocente manera de percibir la majestad del universo, la inevitabilidad del crecer y seguir adelante y la aceptación de aquello que no se puede ver sino sentir se culminan con un pequeño paso de fe. Es esa misma fe que divide al mundo de los adultos, sincronizado maxresdefault2por las demandas materialistas de sus excéntricos corazones, del mundo de los niños, moldeado por una ansia transcendente que cambia el blanco y negro a color. Y la fe en El principito no es una fuerza retórica impulsada por confianza imaginativa, ingenuamente común en el cine infantil; es viva y eficaz, capaz de quitar vendas, abrir ojos y habilitar a todo humano a ver la gran realidad que sostiene el universo. Es lo que lleva a la niña a realmente conocer al principito, amar a su vecino, rescatar a sus nuevos amigos y apreciar a su madre quien, aunque obsesionada por la alabanza de la educación y la prosperidad, es una figura digna de amar y dar amor con tan solo la iniciativa correcta.  Da a recordar lo que una vez fue escrito en el libro de Hebreos capítulo 11 versículo 1, ¨Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve,¨ sin mencionar Lucas capítulo 9 versículo 48, ¨y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande,¨ y también del mismo libro capítulo 18 versículo 17, ¨De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.¨ Evidencia tras evidencia tenemos que el reino de Dios, siento éste Su verdadera gloria que transforma a gente y los restaura hacia Él mismo a través de Su evangelio, se recibe no por obras, religiones, mandatos ó esfuerzos humanistas , sino por una fe verdadera en Aquél Único y Capaz de perdonarnos, transformarnos y limpiarnos de toda maldad, Jesucristo. La fe incondicional como la de un niño es necesaria, y que una película animada basada en una obra clásica de literatura demuestre un preciso reflejo de esto la convierte en un honroso testigo.

Magníficamente animada con gran corazón y determinación a pesar de sus grandes retos, El principito es digna de toda persona de cualquier edad, cultura y entorno… siempre y cuando esté dispuesto a recibirla con fe.

Para una película animada, no es mucho pedir.

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