El Dios de Volver Al Futuro

Su legado es indiscutible. Tres películas estrenadas hace treinta años. Tres historias que dan referencia a cuatro diferentes épocas. Dos personajes icónicos. Una sola aventura. Si, son suficientes pistas para dar a entender que todo apunta a la trilogía de Volver Al Futuro, las tres películas clásicas que redefinieron el concepto del viaje a través del tiempo… y el increíble potencial de un DeLorean.  El 21 de octubre ha sido oficializado como Día de Volver al Futuro, la fecha por lo general apunta a la fecha en la que el joven Marty McFly y el Doctor Emmett Brown viajaron al futuro en el 2015 desde 1985. Pero los memes, los chistes y las parodias que tocaron ese punto son solo la superficie. El impacto y la filosofía de Volver al Futuro es mas profundo que lo que se percibe a vista rápida. Y lo que se puede sacar solo engrandecerá la experiencia de revivir sus momentos.

La saga de Volver Al Futuro tiene como comienzo el momento que Marty McFly (Michael J. Fox), un joven con sueños de ser rico y famoso, participa involuntariamente en el experimento de su amigo científico Emmett Brown (Christopher Lloyd). El experimento consiste de viajar a través del tiempo (en el primer caso al pasado, al 5 de noviembre de 1955), accidentalmente encontrándose con sus padres cuando tenían su edad. Todo tipo de evento se desencadena cuando Marty trata de hacer que sus padres se enamoren para no deshacer los eventos del futuro… y en ese caso su propia existencia. También tendrá que viajar al futuro con Brown y Jennifer, su novia, para salvar el destino de sus hijos y su familia entera, solo para regresar al pasado para enmendar unos hechos que inconscientemente crearon… solo para viajar más en el pasado en 1885 para resolver el destino de Brown en el Viejo Oeste… solo para regresar al presente y contemplar el propósito del controlar el poder del tiempo. Añade comedia y un soundtrack vibrante y ya tienes un espectáculo que ha desafiado tres décadas.

Las cintas de Volver Al Futuro fueron dirigidas por Robert Zemeckis, escritas por Bob Gale y producidas por el mismísimo Steven Spielberg. Con casi cuarenta años de carrera cinematográfica, Zemeckis ha encontrado su mayor éxito en una particular marca temática: la reacción del hombre ordinario ante un entorno extraordinario. Es un sello que ha cruzado los diversos géneros de su cine, desde dramas como Náufrago, El Vuelo y la próxima En La Cuerda Floja, hasta comedias fantásticas como Forrest Gump, El Expreso Polar, y Los Fantasmas de Scrooge. El vasto éxito financiero y el inmenso aprecio de la audiencia a partir de los años son meramente efectos de lo mismo, y se podría concluir que Volver Al Futuro marcó el inicio. El agregar la lucha por mantener la familia unida, que es lo que comienza y concluye la trayectoria de Marty, garantizó la simpatía del público, transcendiendo barreras culturales y sociales al mismo tiempo. Es el simple cuento, en otras palabras, de un muchacho ordinario que se enfrenta con preguntas inmensas como: ¿como se sentiría conocer a mis padres a mi misma edad? ¿cómo comenzó la ciudad donde crecí y a dónde se dirige? ¿cómo será mi familia futurística y que rol tendré en ella? Y las respuestas generan comedia brillante cuyos chistes repetitivos, gracias al efecto del tiempo en la trama, solo magnifican su intensidad. Eso sin necesariamente disfrazar la complejidad de sus argumentos científicos, filosóficos o de lógica. Quizás para la audiencia del 2015, los tiempos de 1885, 1955 y 1985 parecen distantes e irrelevantes, sujetos a nostalgia exclusivamente y no a un encanto imperante que solo crece con el tiempo. Pero el objeto es eso mismo: la vida dividida en el pasado, presente y futuro es solo una vida. Los efectos especiales cambian, la comedia cambia, los gustos personales cambian, los géneros cambian… y el universo continúa con el mismo ritmo. El ayer, hoy y mañana son puntos de referencia que todo humano comprende bajo cualquier idioma, edad o cultura. Con esto, la historia panorámica de Volver Al Futuro es tan universal y personal que la audiencia dentro de cincuenta años está casi asegurada.

Obvio, al rodear una historia alrededor del concepto del viaje a través del tiempo, sería un lujo evadir errores o contradicciones. Pero la cuestión aquí no es cuantos errores de lógica se presentan en Volver Al Futuro. El verdadero dilema yace en cuanta ironía se crea cuando sus personajes exaltan el intelecto humano sobre esos mismos errores.  Brown resume el propósito de la máquina de tiempo en la segunda cinta durante una discusión con Marty en medio de un problema. Sus palabras exactas son, ¨La intención aquí es obtener una percepción más clara de la humanidad: dónde hemos estado, a dónde vamos, las trampas y las posibilidades, los peligros y la promesa … tal vez incluso una respuesta a esa pregunta universal: ¿Por qué?¨ En su búsqueda por respuestas grandes que definen el ¨espíritu humano¨, Marty y Brown se enfrentan un caos que ellos mismos crean gracias a su curiosidad mal fundamentada… y dirigida. Para la gran conclusión marcada en la tercera secuela, uno se imaginaría que la lección fuera aprendida. No exactamente. Cuando Jennifer le hace una pregunta que viene de su confusión acerca de su propio destino, Brown le sonríe y le responde tan positivamente, ¨Tu futuro no está escrito -el de nadie tampoco. El futuro es lo que usted hace.¨ Lejos de entrar en un debate entre calvinismo y arminianismo, el significado contextual de la temática de Volver Al Futuro es más como lo siguiente: tenemos el potencial de cambiar nuestro propio futuro. Parece simplista… pero ¿en realidad hay evidencia para esto? ¿Que tanto poder tiene el ser humano para modificar su vida? Inclusive con la máquina de tiempo, los personajes continúan con la misma serie de respuestas a pesar de estar en circunstancias completamente diferentes. Y los errores de continuidad son tan manifiestas que hacen todo argumento al contrario risible; Marty viajando al futuro y saltando su vida para encontrarse con su futura familia repentinamente, Marty influenciando a Chuck Berry con una canción que solo Berry pudo componer, Lorraine nombrando a su hijo Marty en honor al mismo Marty que conoció años antes, etc.  ¿Y qué del 2015? El progreso de la raza humana, el gran anhelo de Brown, terminó retrocediéndose a niveles infantiles, donde la tecnología dicta el razonamiento humano y no de la otra manera  (el tema fue graciosamente parodiado en el show de Jimmy Kimmel justo la semana pasada junto con los actores Michael J. Fox y Christopher Lloyd). Las comedias, comprensiblemente, nunca deben tomarse mas serias de lo que demandan, así que los argumentos presentados se congelan ahí. Bastante para admitir que el dominio humano sobre la vida y el tiempo es divertidamente errónea. ¨El futuro no está escrito,¨ Brown declara orgullosamente. Bob Gale escribió esa línea; el último clavo del ataúd de la ironía.

No obstante, Volver Al Futuro continúa con su racha de optimismo y asombro, tratando de no explicarse ó justificarse exageradamente. Parte de esto tiene que ver con la fascinación humana en entender y/ó obtener algo fuera de nuestro alcance. Un sector de la imagen de Dios en el hombre, confirmado por el libro de Eclesiastés capítulo 3 versículo 11, ¨Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.¨ El núcleo emocional que yace en todo corazón apenas puede comprender a tientas lo que implica la totalidad del espacio y el tiempo. El alcance de esa completa hermosura es solo asegurada cuando el corazón reconoce que tanto es limitado y que tanto necesita reconciliación. Sin esta resolución, los deseos quedan suspendidos, ansiando por un mayor significado que fuera de Dios quedan obsoletos e impersonales. Es lo que mayormente asegura el sentido del éxtasis aventurero en Volver Al Futuro: la posibilidad de vivir tiempos y épocas nunca antes imaginables; de ver y reconocer tiempos que no conocemos pero reconocemos. Y la reconciliación no viene de buscar el perfecto control de la vida sino de regenerarse uno mismo bajo ese concepto. Lo que al final de cuentas transforma a Marty no fue el cambio de eventos que ocasionó para beneficiarse él mismo, como lo parecía al final de la primera película; fue el cambiar su carácter y sacrificar su orgullo en beneficio a otros, dejando sus sueños de ser rico y famoso para fortalecer a su novia y familia. Lo mismo con Brown, aunque en su caso su fascinación por ese control superó su independencia de ella, aunque no tanto como en el pasado. Hasta se podría mencionar al mismísimo John DeLorean, el famoso creador del vehículo titular de Volver Al Futuro. Arrestado por tráfico de drogas, divorciado tres veces y acabando con su carrera profesional en bancarrota y desgracia, DeLorean entregó su vida a Cristo cuando nada más podía definir su vida. Para muchos, un fracaso de vida. Para el Señor: un hijo adoptado más para Su Gloria. ¿Coincidencia que su legado y el de Volver Al Futuro estén conectados? Dudosamente. Más que conectados, uno refleja el otro. La consecuencia del buen cine, en otras palabras.

Películas como Volver Al Futuro no vienen seguido. El precio por originalidad, imaginación e ingenio es muy alto hoy en día que verlo en la pantalla grande como originalmente parece absurdo… pero gratificante al final de cuentas. Las repentinas visitas al mundo de Hill Valley y a las aventuras de Marty McFly y el Doctor Emmett Brown engrandecen el placer de lo que una vez se vivió, lo que se presencia ahora, y lo que se desea de lo porvenir. Pero más cuando uno es capaz de levantar el telón y observar el panorama detrás de la historia: el Gran Historiador y Cuentista acomodando cada pieza de cada historia en la que somos participantes y Él el protagonista. Tomando este paso, Volver Al Futuro se convierte en tu historia.

Mi historia.

Nuestra historia.

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